Difícilmente se cuestione la inclusión de estos alumnos en ámbitos
educativos ordinarios si se considera el supuesto filosófico y
sociológico básico que encierra. Nadie puede dudar que la aspiración a
alcanzar una escuela y una sociedad que no marginen y, por el contrario,
respeten y valoren la pluralidad de ideas, razas, sexos, condiciones,
capacidades, etc., no es una meta verdaderamente digna. Sin embargo, y
aún en pleno acuerdo con dicha premisa fundamental, es en la práctica de
la educación inclusiva donde surgen numerosas dudas y dificultades.Sólo determinados requisitos pueden ser el puente para alcanzar un
óptimo resultado. Como primer condición, la educación inclusiva exige un
curriculum lo suficientemente comprehensivo y diverso como para abarcar
la gama de diferencias posible de encontrar en el conjunto de alumnos y
alumnas; un curriculum que permita, a su vez, realizar modificaciones
contemplando las necesidades de cada uno. A ese proceso se denomina
adaptación curricular y es la concreción, en el plano pedagógico-
didáctico, de los supuestos filosóficos y sociológicos que la inclusión
de alumnos con necesidades educativas especiales plantea. En la misma se
materializan las respuestas curriculares que se debe ofrecer, a partir
de las necesidades particulares de un alumno o un conjunto de alumnos.
Las adaptaciones curriculares dependen de la articulación de dos
aspectos básicos. Por un lado, las características del conocimiento a
enseñar, y por otro, la peculiaridad del sujeto al cual se le enseña
dicho conocimiento. En otras palabras, no es lo mismo enseñar una
estructura gramatical que las cualidades del sonido o una operación
matemática. Tampoco es lo mismo si el destinatario es un alumno que
padece sordera, disfunción motora severa, o presenta dificultades de
aprendizaje derivadas de deficiencia mental. A ambos ejes debe sujetarse
una adaptación curricular.

Particularidades del conocimiento musical
Muchas son las características propias del saber musical. Nos
interesan aquí sólo algunas que pueden intervenir en caso de una
posterior adaptación. Ante todo, no debe equipararse el concepto de
música con el de saber musical. Debemos partir de la concepción de que
el saber musical es también un objeto de enseñanza-aprendizaje. Es éste
un saber que posee un lenguaje propio y un conjunto de teorías, que se
convierten, a través de la didáctica en contenidos que los alumnos van a
aprehender, y que no se reemplazan con vivencias musicales.
Otro punto importante es que existen variados canales de acceso al
conocimiento musical, y sólo si hablamos de canales de percepción de la
música, la audición es la principal vía, aunque no la única. Existen
otras, como la vibracional, que puede contribuir, cuando la audición
está ausente, a la percepción de algunos aspectos de la música.
Por último, es válido mencionar que en el saber musical también se
produce (y quizás de un modo más pronunciado que en otros saberes) lo
que Chevallard[1] denominó transposición didáctica, es decir, el proceso
en que el saber sabio deviene en saber enseñado. Esta distancia,
necesaria, entre uno y otro, que separa el saber erudito de aquello
factible de ser enseñado, en el caso del conocimiento musical corre el
riesgo de banalizarse, aspecto que debe vigilarse, más aún cuando se
trata de realizar una adaptación curricular.
Características del sujeto que aprende
Las necesidades especiales de cada individuo, aún aquellas derivadas
de un mismo déficit, son diferentes a las de otro. La detección previa,
realizada preferiblemente con un profesor especialista, orienta al
profesor de música en las decisiones curriculares a tomar. Las
actividades que realice en clase variarán de acuerdo al tipo de
necesidades especiales que deba atender, es decir, si un alumno presenta
sordera o hipoacusia, ceguera o baja visión, dificultades motoras, etc.
El proceso de Adaptación Curricular
La adaptación curricular es un proceso de múltiples momentos, que
abarca aspectos organizativos y didácticos, y en el que intervienen
pluralidad de actores. Nos interesa básicamente, la instancia específica
en la cual el profesor de música debe realizar las modificaciones de su
curriculum para un alumno preciso. En primer término realiza las
adaptaciones de "acceso al curriculum" cuando modifica espacios,
materiales o sistemas de comunicación. Por ejemplo, si elige dictar su
clase en un salón con suelo de madera para favorecer la transmisión de
las vibraciones para un alumno sordo, o si engrosa con goma el mango de
un cascabel, para permitir la prensión y ejecución a un alumno con
dificultades motoras, o si solicita la transcripción al Braille de
algunos materiales de lectura para un alumno con ceguera. Luego, y sólo
si éstas son imprescindibles, pasa a realizar las adaptaciones
curriculares propiamente dichas. Recordemos que éstas se refieren al
qué, cómo, y cuándo enseñar y evaluar. Es decir, pueden implicar
modificaciones en los objetivos, contenidos, estrategias metodológicas,
criterios, instrumentos o técnicas de evaluación, etc. Esas adaptaciones
pueden significar desde una simple modificación de los instrumentos o
técnicas de evaluación, o la implementación de estrategias metodológicas
diferentes a las del resto de los alumnos, hasta una temporalización
diferente o bien recorte de algunos objetivos-contenidos, cuando el
alumno no puede acceder a ellos. En este caso, el recorte debe
necesariamente extenderse a los criterios de evaluación para ese alumno.
Veamos probables adaptaciones que un profesor de música puede
realizar, de acuerdo a cada tipo de necesidad especial, para la
enseñanza de un contenido.
Contenido: CUALIDADES DEL SONIDO
Sugerencias de adaptaciones para necesidades especiales derivadas de:
Déficit motor. La percepción auditiva es normal. Como pueden
presentarse dificultades de organización temporal, deben ser claramente
diferenciadas las duraciones de los sonidos. Es muy conveniente
ejercitar secuencias de sonidos, para facilitar la organización.
Déficit mental. La posibilidad de acceder a este contenido depende de
la capacidad de establecer relaciones. Para ello, es conveniente
ejercitar sólo una cualidad por vez y comenzar por opuestos
contrastantes. Es necesario apoyar las ejercitaciones con el trabajo con
su cuerpo o apoyos visuales. Deben intensificarse los procedimientos
(exploración de sonidos, ejecución con instrumentos, etc.) como medio
más seguro para alcanzar, los conceptos. Se recorta el contenido: sólo
sonidos largos y cortos.
Déficit auditivo. Debe permitirse explorar los sonidos por medio de
la percepción de las vibraciones aprovechando la madera como conductor
(pisos e instrumentos de este material). En el caso del timbre, se
seleccionarán aquellos cuyas vibraciones sean marcadamente diferentes.
Lo mismo con la intensidad.
Déficit visual. La percepción auditiva está usualmente más
desarrollada, y debe favorecerse su entrenamiento permanente. Se
recurrirá a materiales en Braille, de ser necesario, a imágenes en
relieve para explorar a través del tacto, o al propio cuerpo como apoyo
de las ejercitaciones.
Este análisis puede elaborarse con cada contenido, hallándose
estrategias para adaptar cada uno. Por cierto, a medida que se
complejizan, aumenta la necesidad de recortes para algunos alumnos.
Lo fundamental es que la estrategia de adaptación curricular permita
que los alumnos con necesidades especiales participen lo más activa y
plenamente posible en la clase de Música, aprendiendo siempre, de
acuerdo a sus posibilidades.